Espacio gastronómico muestra su cocina al público – Ver para comer




  • El Taller de Billy abre sus puertas a grupos dispuestos a pasar la noche disfrutando de la preparación de los alimentos.





Se han preguntado ¿en qué momento  empezamos a disfrutar la comida? Pues posiblemente la mayoría de nosotros digamos que en el primer bocado. Sin embargo, en realidad, comenzamos a disfrutar la comida cuando la imaginamos, cuando la olemos y por supuesto cuando la vemos.





Sergio Dobles es un chef que cada noche abre su cocina, El Taller de Billy, para que un limitado grupo de personas puedan deleitarse viendo lo que van a comer, pero empiecen a disfrutarlo desde algunas horas antes.













Sergio –pero le dicen Billy – estudió gastronomía y ha trabajado en hoteles y restaurantes, donde aprendió el arte de la inocuidad, el trabajo en equipo y el buen desempeño bajo presión. Así es como ahora, no teme mostrar el proceso de preparación de los alimentos y además compartir su cocina con otros chefs.





Nuestra experiencia se dio gracias a una invitación del mismo Billy y podemos decir que fue muy diferente a cualquier otra que hayamos vivido. Por lo general, llegamos a la hora citada, hay un charla breve, la degustación de los platos, un espacio para compartir y al cabo de un par de horas, cada quien a su casa.





En El Taller de Billy  no fue así y no es así. En primer lugar, el espacio se ubica en lo que posiblemente fue el garaje de una casa en pleno corazón de Pavas, en San José. Cada detalle habla del perfeccionismo que se busca en el servicio. Una mesa bien servida y una barra que mira a la misma cocina, desde donde se puede apreciar cada detalle del proceso de preparación de los alimentos; y cuando digo proceso, me refiero a todo el proceso.





En la cocina el chef invitado: Rodrigo Vargas, también graduado de gastronomía, con experiencia en cocinas de New York, París y algunos países en Asia y que por sus méritos profesionales y carisma encontró cabida en en El Taller de Billy,





El menú anunciaba una yuca frita como primera entrada, de modo que vimos como desde el punto de congelamiento se freía, hasta obtener el crunch deseado.





También había un puré de camote, y observamos al chef pelar el camote, partirlo,ponerlo a hervir, triturarlo, sazonarlo y dejarlo listo para servir.





En el menú también había pulpo, y vimos cómo se cocía. Había pasta, y sí que disfrutamos ver su elaboración, desde lograr la masa perfecta hasta crear la mejor carbonara.





Para cuando llegó el plato fuerte habían pasado unas 3 horas, pero a esas alturas dela noche, los invitados ya estábamos sumergidos en una amena conversación en la que los chefs no eran ajenos, al contrario, nos compartían secretos de la cocina, repasaban anécdotas de sus vivencias en el mundo y nos maravillaban con los resultados de cada plato. Tomamos vino, hicimos muchas preguntas, a ratos nos quedábamos en silencio solo viendo el movimiento, a veces acelerado y otras minucioso de los cortes, los hervores, los movimientos de las manos de estos creadores.





Estuvimos ahí más de 4 horas – porque también comimos el mejor postre del que luego les hablaremos – y realmente disfrutamos con los cinco sentidos la comida.





El Taller de Billy es una propuesta donde se puede pasar toda la noche con amigos y familiares, es un espacio íntimo donde chefs y comensales pueden compartir como en ningún otro lugar. Es un sitio josefino, donde el tiempo se aprovecha viendo para comer.







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